¿Cuántos amores habrán surgido en la oficina?, se pregunta
detrás del escritorio. ¿Cuántas buenas historias?
Mario Benedetti fue oficinista y esa experiencia le permitió
por un lado ejercitar la escritura y por otro leer y comprender un ambiente en
su complejidad. Hay quienes dicen que La tregua y Gracias por el fuego (y ni
hablar de Los poemas de la oficina) no habrían alcanzado la calidad que
lograron ni el gusto popular sin las horas monótonas del día a día y el taca taca
de la máquina de escribir.
Él lo sabe, y piensa que quizá sea el escritor uruguayo la
clave de esta historia y un puente entre los dos.
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.
Recita de memoria.
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.
Y concluye "Amor de tarde":
Es una lástima que no estés conmigoLo más triste del asunto es que el reloj apenas marca las dos.
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme «¿Qué tal?» y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.