sábado, 18 de junio de 2016

En la oficina I

"No me basta con que leas y sepas que pienso en ti. No", escribió en su cuenta de Twitter. Era verdad, pero la expresión sonaba imperfecta, superficial y sin fuerza. Eso podía haberlo reclamado cualquiera. Lo que él quería era acercarla con cada palabra, atraparla, tenerla. Que Ella exhibiera sus cartas. Que no hubiera dudas. Que las palabras se entrelazaran. Quizá tuviera sentido decirlo si hubieran coincidido esta mañana en el pasillo y sorpresivamente la hubiera tomado por los brazos para confesarse cara a cara antes de soltar un "te quiero". La imagen vino a su mente con nitidez y una certeza. Se estaba enamorando.

-Me gustas -exclamó. Todos en la oficina continuaron sus tareas como si no lo hubieran oído.

No era la primera vez que "hablaba con ella" sin que ella estuviera. Vaciló por un instante ante de borrar el texto.. No es fácil darle forma al mundo con las letras, pensó. Hace algunos años habría tenido que romper la hoja, hacerla bolita y arrojarla al papelero. Ahora basta un clic y casi de inmediato desaparece la idea. Las computadoras favorecen el olvido...

Escribir es arrojar una piedra con los ojos cerrados esperando oír el golpe para corroborar una sospecha, pensó y trató de volver al ajetreo del día de día. Faltaban quince minutos para salir y aún le faltaban por responder tres correos. Trató de concentrarse y dejar el amor para después. No pudo.

El amor, si es amor, no se puede posponer.


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