miércoles, 6 de julio de 2016

Desdoblamiento

Te descubres de pronto mirándola. Eres un contador cuarentón que ha gastado la vida número tras número y ahora mismo estás viendo a una joven que acaba de concluir la carrera y se incorpora al mercado laboral. Tú, el que entra y sale puntualmente de la oficina como un autómata, recuerdas que un día, saliendo de la universidad, también estuviste lleno de ilusiones y expectativas. Tú, el que está hastiado de la rutina, te das sin darte cuenta un tiempo para contemplar.

Estudiaste la licenciatura en Contaduría Pública porque a punto de concluir el bachillerato tu amiga Adriana puso en tus manos un folleto con información sobre lo que ella quería estudiar. Sabía lo que significaban las asignaturas porque su papá era contador. Tú lo ignorabas, lo fuiste descubriendo sobre la marcha.

Aunque estudiaron lo mismo, lo hicieron en distintas universidades. Ella, en una privada; tú, en una pública. La diferencia entre instituciones no está en los contenidos ni en los costos, sino en la visión del mundo que configuran. Adriana se acostumbró al análisis de la información, a tomar decisiones, a correr riesgos; tú, aprendiste que la paciencia es una virtud haciendo trámites y trámites y trámites durante horas grises en las oficinas de Hacienda. Era cuestión de tiempo para que cada quien siguiera su camino.

Supiste lo que Adriana significaba en tu vida la tarde en que recibiste la invitación para su boda. Sentiste que te faltaba el aire y el mundo daba vueltas. Giro tras giro el tiempo comenzó a correr como un demonio y no se ha detenido (hasta hoy). Sentiste tristeza y dolor. Sentiste miedo… "¿Y si terminan igual todas las historias de amor?", preguntaste. Pero qué ibas a saber entonces del amor.

Si por ti hubiera sido, en ese momento hubieras jurado no enamorarte, pero el amor no se decide.

Te ves mirándola y suspiras. Has perdido el cabello, el tiempo, la vista... y con lo que queda de tus ojos tras los espejuelos te ves mirándola y, cosa curiosa, el tiempo después de muchos años fluye lento. Se ralentiliza (el verbo te parece horrible, pero viene a tu mente). Te ves mirándola y sientes que recuperas veinte años de vida…


Ella prepara un café y mientras lo endulza deseas que se diluya ya mismo la monotonía de tu vida.

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