Te descubres de pronto mirándola. Eres un contador cuarentón
que ha gastado la vida número tras número y ahora mismo estás viendo a una joven que acaba de
concluir la carrera y se incorpora al mercado laboral. Tú, el que entra y sale
puntualmente de la oficina como un autómata, recuerdas que un día, saliendo de
la universidad, también estuviste lleno de ilusiones y expectativas. Tú, el que
está hastiado de la rutina, te das sin darte cuenta un tiempo para contemplar.
Estudiaste la licenciatura en Contaduría Pública porque a
punto de concluir el bachillerato tu amiga Adriana puso en tus manos un folleto
con información sobre lo que ella quería estudiar. Sabía lo que significaban
las asignaturas porque su papá era contador. Tú lo ignorabas, lo fuiste
descubriendo sobre la marcha.
Aunque estudiaron lo mismo, lo hicieron en distintas
universidades. Ella, en una privada; tú, en una pública. La diferencia entre
instituciones no está en los contenidos ni en los costos, sino en la visión del
mundo que configuran. Adriana se acostumbró al análisis de la información, a
tomar decisiones, a correr riesgos; tú, aprendiste que la paciencia es una
virtud haciendo trámites y trámites y trámites durante horas grises en las
oficinas de Hacienda. Era cuestión de tiempo para que cada quien siguiera su
camino.
Supiste lo que Adriana significaba en tu vida la tarde en
que recibiste la invitación para su boda. Sentiste que te faltaba el aire y el
mundo daba vueltas. Giro tras giro el tiempo comenzó a correr como un demonio y no se ha
detenido (hasta hoy). Sentiste tristeza y dolor. Sentiste miedo… "¿Y si terminan igual
todas las historias de amor?", preguntaste. Pero qué ibas a saber entonces del amor.
Si por ti hubiera sido, en ese momento hubieras jurado no
enamorarte, pero el amor no se decide.
Te ves mirándola y suspiras. Has perdido el cabello, el
tiempo, la vista... y con lo que queda de tus ojos tras los espejuelos te ves mirándola y, cosa curiosa, el tiempo después de muchos años fluye
lento. Se ralentiliza (el verbo te parece horrible, pero viene a tu mente). Te ves mirándola y sientes que recuperas veinte años de vida…
Ella prepara un café y mientras lo endulza deseas que se
diluya ya mismo la monotonía de tu vida.
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