Ella le ofrece un café. Él acepta. Disfruta verla. Disfruta viendo cómo lo prepara...
"Es linda", piensa mientras la contempla y sonríe.
Hoy ha traído un vestido negro que resalta la perfección de sus contornos y contrasta con su piel blanca. El cabello suelto hasta los hombros la llena de vida. Sus ojos oscuros brillan intensos, jóvenes, con un destello de coqueteria.
Cuando Ella ríe su risa llena la oficina... Él la ve y siente una extraña alegría. Piensa que "ella está llena de música" y se descubre teniendo ideas cursis. El carmín de su labial resalta su natural sensualidad. Sus senos apenas se asoman en el escote dibujándose turgentes, firmes, apetecibles.
"Me encantas", piensa al recibir la taza, pero sólo alcanza a decir "gracias, huele delicioso".
Sospecha que los compañeros y compañeras se han dado cuenta. En otro tiempo se sentiría incómodo. Juró envejecer con dignidad, no hacer el ridículo, no ser un viejo verde... ¿Lo es ahora? No le importa.
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